ISACA Journal
Volume 5, 2,016 

Translated Articles 

Información de etica: El desafío de ser “bueno” 

Vasant Raval, DBA, CISA, ACMA 

El comportamiento moral es, quizás, fácil hablar, pero difícil de poner en práctica. La respuesta a la pregunta “¿Hice lo correcto?” Puede que no sea inequívoca. Por otra parte, lo que yo podría considerar como lo fundamentalmente correcto de hacer, puede que no sea reflejado exactamente (por un acto intencional o no) en la acción siguiente. Existen, de hecho, varios factores en el trabajo que producen la diferencia entre un bien moral que hay que hacer y lo que finalmente se hace. En esta columna, voy a discutir algunas de las razones de esta brecha. Si bien esto no podría ser un examen exhaustivo sobre el desafío de ser bueno, un ejercicio puente entre “el deber” y “el ser” ilustrará lo que necesitamos para ver el futuro.

La cuestión moral

Para cualquier proyecto (o caso) que enfrentemos en el momento, la formulación de una cuestión moral puede no ser una tarea fácil. Si una situación se ha estado gestando desde hace algún tiempo, es probable que el tomador de decisiones haya tenido tiempo para pensar en el caso y construir posibles interrogantes morales. Si la situación es inminente y no dio ningún aviso previo, es difícil de resolver “en sus pies” lo que podría ser una respuesta moralmente apropiada. Además, si dos o más personas están involucradas en el caso, existe la posibilidad de que los individuos involucrados se transmitan su preocupación en relación con la parte ética del proyecto general. Sin embargo, a menos que el escenario sea frecuente, simple o familiar, uno puede encontrar que las respuestas a, o incluso las interrogantes de la acción moral son difíciles de encontrar.

Si hay espacio para la reflexión sobre el aspecto moral del problema en una etapa posterior en la secuencia de decisiones, ciertamente proporcionaría una oportunidad de volver a examinar la cuestión moral a la luz de los progresos realizados hasta el momento. Esto ayudará a determinar si el tomador de decisiones se siente cómodo con la forma en que se identifican y abordan las cuestiones morales y si existe algún espacio para el cambio en el planteamiento del problema y/o método para abordarlo.

Para aumentar la dificultad está el hecho de que las cuestiones morales (no materiales) no se identifican de forma aislada; ellas son inherentes al problema material y la forma en que se resuelven. Hay buenos argumentos para indicar que la inmediatez y la importancia de los problemas materiales de la organización pueden consumir mucho tiempo y concentración de las personas que participan en la solución del problema, que no tienen recursos disponibles para explorar la ética de la situación.1 Esta falta de atención puede llegar a ser aún más grave, como los componentes de un gran proyecto que se transmiten a los grupos encargados de resolver sólo la parte del rompecabezas proyecto. La tarea material asignada a un sub-equipo es guiada por las especificaciones detalladas que acompañan a la carga. Por el contrario, incluso si el equipo a nivel de proyecto determina las cuestiones morales y cómo deben ser abordados, el espíritu de la acción moral puede no llegar a los niveles más bajos en la implementación del proyecto. Por estas razones, es probable que los temas no materiales sean dejados atrás, mientras que la tarea material sea cumplida en el afán por ser el primero en el mercado.

En estos días, las batallas legales entre Uber y Airbnb por un lado y los gobiernos por otro, han escalado en diversas materias. Un argumento planteado por los reclamantes (gobiernos) es que los nuevos modelos introducidos por Uber y Airbnb no son compatibles con las normas existentes. Por ejemplo, Bloomberg News informó de que las reglas del Servicio de Impuestos Internos (IRS) de EEUU no son claras para la presentación de informes de ganancias mediante plataformas on-demand. Como resultado, Bloomberg informa, las empresas no retiene los impuestos sobre los ingresos que ellas pagan a los proveedores de servicios.2 ¿Podrían Airbnb, Etsy y Lyft haber visualizado el problema en el ecosistema en que se estaban juntando? La respuesta, por supuesto, es que no sabemos. Es probable, sin embargo, que un cierto grado de intercambio de ideas podría haber disparado preguntas, si no respuestas, sobre el potencial de la falta de retención de impuestos para los contratistas independientes. Tal reflexión podría haber apuntado a la pregunta de cuales las reglas existentes de la IRS son ambiguas y para cuáles la compañía necesita buscar mayor claridad desde la agencia. A la luz de las innovaciones de los habilitadores tecnológicos, preguntas sin precedentes han surgido; como resultado, la esperanza es que la preocupación de las organizaciones sea proactiva en la búsqueda de respuestas. Por ejemplo, el Instituto Americano de Contadores Públicos Certificados (AICPA) envió a la IRS una carta solicitando clarificación sobre la situación de los impuestos de temas relacionados con monedas virtuales (eCurrency3), incluyendo reglas para las donaciones en monedas digitales.

Un par de observaciones emergen desde el conflicto entre las nuevas plataformas emergentes tales como Uber y los reguladores. Primero, si la regulación es un indicador de la necesidad por mantener verdad y armonía en un sistema,4, 5 entonces la presencia de regulaciones en el actual ecosistema podría entregar algún entendimiento del legalmente mínimo mejor comportamiento. Después de filtrar que es irrelevante para el nuevo ecosistema, uno podría derivar una línea base de entendimiento de porque estas reglas actualmente existen y como ellas podrían impactar en la regulación futura de la nueva industria. Segundo, ambas modelos Uber y Airbnb dejan el componente de la sensibilidad humana (conductores, anfitriones) ampliamente fuera de sus propios perímetros. Dado que las cuestiones morales son inherentes a los problemas humanos, uno podría haber pensado sobre los nuevos modelos como aislados desde, o fuera del alcance de los problemas morales que preocupan a los colaboradores (conductores, anfitriones). Pero dado que la responsabilidad por aquellos a quienes encomiendan servicios presumiblemente descansa en la empresa propietaria del modelo de negocio, algún grado de análisis de las actuales prácticas en el entorno tradicional era garantizado. Una debilidad aquí ha impactado las reputaciones de Uber y Airbnb.

Dado que no existen respuestas infalibles para el desarrollo de cuñas entre progreso sobre los lados materiales y morales, ayudaría tener medidas establecidas para un comportamiento responsable. Por ejemplo, un proceso integral donde preguntas morales sean realizadas, direccionadas y documentadas en conjunto con preguntas materiales, esto ayudaría a reconocer brechas, si existen, y a direccionarlas de manera oportuna.

¿Quién es el responsable?

Una buena interrogante moral debe claramente articular el problema y el estado de para quien es el problema. En una pregunta general sobre la aceptabilidad moral de un particular curso de acción o tecnológico, no identificamos necesariamente para quien es el problema.6 El lugar de algunos problemas puede ser un individuo o una familia; para otros, puede ser una organización; y para otros incluso, puede ser la sociedad o las agencia del gobierno. A menudo, un eslabón débil al ejercer la responsabilidad recae sobre el responsable.7 Por ejemplo, al proteger nuestra privacidad, tenemos que seguir ciertos pasos. De hecho, todas las seis condiciones asociadas con la privacidad (aviso, elección, uso, seguridad, corrección y aprobación) incluyen la frase “el individuo tiene el derecho a”; sin embargo, por varias razones, la gente prefiere hacer caso omiso de lo que tiene que hacer. El modo de pensar que domina la mayoría también determina el estado general de la integridad en el ecosistema. Una de las razones que la gente piensa de una manera y se comportan de manera diferente por razones éticas se llama “conciencia restringida”.

El concepto puede explicarse como “la tendencia común de excluir información relevante de nuestras decisiones mediante la colocación de límites arbitrarios en torno a nuestra definición de un problema, lo que resulta en una falla sistémica para ver información importante”.8 Además, se afirma que las personas también sufren de “condición ética limitada” o “restricciones sistemáticas sobre nuestra moralidad que favorecen nuestro propio interés”.9 Como resultado, surgen deficiencias éticas, las cuales se agravan a nivel de organización. De hecho, las diferencias o brechas en la organización son más que la suma de las diferencias de los distintos miembros debido al fenómeno de pensamiento de grupo, que arrastra al grupo hacia la unanimidad e inhibe de diálogo abierto sobre cuestiones éticamente difíciles.10

Puesto que los individuos y sus familias son responsables de ser “buenos” en sus vidas privadas, organizaciones (con y sin fines de lucro, así como el gobierno) son responsables de un gobierno responsable. En última instancia, que tan bien se abordan las cuestiones no materiales en las organizaciones depende en gran medida del clima de la organización. Si el clima esté incitando un comportamiento adecuado, lo más probable es que se hagan serios intentos proactivos para identificar y tratar las cuestiones morales que conllevan las cuestiones materiales.

Los investigadores advierten que debemos prestar atención a lo que no se está hablando dentro de una organización, ya que puede proporcionar información valiosa acerca de los valores informales,11 una poderosa fuerza en la conformación de la cultura de la empresa. Es responsabilidad del líder el establecer el tono en la cima de la organización. Sin embargo, también es necesario para la organización el evaluar continuamente la calidad del clima. A menos que algunos signos vitales sean monitoreados regularmente, será difícil buscar comodidad en el tratamiento de las cuestiones morales, como y cuando estas se presenten.

Costo de la moralidad

Ser “bueno” tiene un aura de positividad por las razones correctas. Se hace la vida útil y nos permite conservar nuestra paz interior. Se propaga la calma en nuestra mente constantemente agitada y nos hace felices. Pero la acción moral exige costos de todo tipo (es decir, dinero, energía, pérdida de oportunidades). Por ejemplo, un estudiante puede obtener una baja puntuación en una prueba por no recurrir a la trampa. Sin embargo, para el progreso académico del estudiante, sus calificaciones podrían ser demasiado importante como para sacrificarlas. Actuar con honestidad podría costar la admisión a un programa de postgrado de prestigio.

Sea usted es un gerente, un estudiante, un denunciante, un líder o un auditor, no es así de fácil hacer caso omiso de las posibles consecuencias de sus acciones voluntarias. El miedo al castigo, la amenaza de la pérdida del trabajo, otras amenazas a la persona o su familia, y la turbulencia esperada en la vida de uno, éstos están en juego al considerar una acción audaz. Sumando y ordenando todo contra de lo que uno podría obtener de esa acción a menudo deja a las personas poco dispuestas a “mover el bote”. La observación pasiva de un hecho ilícito desde un costado es inmoral, pero ¿cuántos saltas y combaten contra el actor de ello? La “inmoralidad de silencio”12 impregna a la sociedad más allá de una medida que uno puede imaginar. Por ejemplo, si nadie cuestiona irregularidades organizacionales, tales como una invasión de la privacidad, la práctica de violar el derecho de los demás a la privacidad podría convertirse en la norma.

El anonimato ha demostrado ser una medida de protección para alentar a la gente a hablar sobre hechos ilícitos. Si se utiliza el anonimato para preservar las libertades personales, proteger los secretos comerciales o mejorar la calidad de las respuestas, necesitamos sistemas diseñados para asegurar la des-asignación.13 La tecnología puede proporcionar soluciones, como los sistemas de denuncia de irregularidades, que ayudan a preservar la privacidad de los informantes.

La intervención moderada de la tecnología, si es percibida por el informante prospectivo como segura, puede resultar en la detección y tratamiento de la acción inmoral de forma oportuna y orgánica. Debemos tener en cuenta, sin embargo, que lo que funciona para proteger el anonimato de manera correcta también puede crear problemas en otros conceptos. Por ejemplo, el anonimato en las eCurrency puede engendrar actos ilegales de lavado de dinero. Incluso en ecosistemas que otorgan anonimato, siempre existe el riesgo de que alguien rompa el secretismo. El caso de los Panamá Papers14 es sólo un ejemplo de cómo la tecnología puede revelar los generalmente invisibles malhechores y a sus socios.

Convicción en la causa

Los juicios éticos se basan en marcos formales e informales. Un marco de intuicionismo ético (intuitivist) ayuda a uno a identificar las acciones morales aceptables intuitivamente. Un marco de valordominante identifica las acciones morales apropiadas mediante la generación de una convicción sobre el valor más dominante entre los valores que compiten en un dilema moral.15 Independientemente del marco utilizado, la percepción de los diversos valores es un disparador importante para la acción moral. Sin una fuerte identificación con un valor, uno podría dejar de ver la importancia de una acción que elija para poner en práctica.

Una serie de ejemplos pueden ser observados aquí: en la política (Martin Luther King Jr. y Rosa Parks), sociología (Candace Lightener y Madres Contra Conductores Ebrios [Mothers Against Drunk Driving]), negocios (Blake Mycoskie de Tom’s Shoes), y tecnología (Julian Assange y WikiLeaks, el caso de Edward Snowden relacionado con la vigilancia y la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos [NSA]). Independientemente de si usted cree en su causa, cada uno tenía una fuerte convicción de que algo estaba mal y la necesidad de corregir la situación. Es por ello que tomaron el riesgo y, tal vez en un gran esfuerzo, entregaron su opinión a los demás para hacer que algo suceda. Si bien la convicción en la causa es fundamentalmente importante para la acción moral, es también necesario que la persona tenga la valentía de hacer lo correcto. Reunir la valentía no es una tarea fácil, debido a que las consecuencias mundanas de desafiar las irregularidades pueden ser devastadoras para la vida de uno. Por consiguiente, la valentía se menciona a menudo en paralelo con la causa y la primera (cuando se actúa) a menudo implica un comportamiento valiente.

La moralidad como una cualidad humana

Por definición, la moral se refiere a los seres humanos, no máquinas. Todos los sistemas son esencialmente una asignación de tareas entre personas y máquinas; algunos tienen incluso un papel mucho más importante para los seres humanos que las máquinas, otros están dominados por las máquinas. Entre los papeles que siguen siendo de los seres humanos está el papel del agente moral. En este papel, un profesional de TI no sólo se esfuerza por comportarse de manera ética, sino que también diseña las tareas automatizadas (la parte que corresponde a las máquinas) de una manera moralmente responsable. Por lo tanto, el entendimiento de lo que es moral en las máquinas es la responsabilidad de los seres humanos al hacerse cargo de la asignación de tareas hombre/ máquina. Para ello, la consideración de los asuntos no materiales por adelantado es fundamental en la consolidación de un comportamiento responsable predecible en los sistemas automatizados.

Curiosamente, el desarrollo en el campo de la inteligencia artificial (IA) ha reducido el papel de los seres humanos en una asociación hombre-máquina en sistemas automatizados. El disminuido papel del ser humano en los nuevos sistemas puede parecer pequeña, pero no es insignificante; es la parte del sistema que aún necesita del juicio humano y opciones impulsadas por valores. Las decisiones que el diseñador humano hace en la creación del sistema automatizado tienden a ser implantadas de forma permanente en la vida de la máquina. Las máquinas pueden aprender a cambiar su comportamiento, pero sólo si el aprendizaje automático ha sido programado adecuadamente. El elemento humano en el impacto moral en general no puede ser subestimado o ignorado. Desde los automóviles automatizados hasta los aviones no tripulados (drones), toda una serie de normas de comportamiento moral está programado en las máquinas.

Cualquier error de juicio en la etapa de diseño presagia mayor riesgo de compromisos morales. Las cuestiones de comportamiento ético son fundamentalmente cuestiones humanas. Ya sea fuera o dentro del perímetro legal de una empresa, colaboradores humanos seguirán participando activamente en el ecosistema. En el contexto de automóvil para contrato, tal vez esta pregunta vaya a desaparecer o a cambiar drásticamente cuando Uber despliegue vehículos autónomos. Y para los drones, las reglas dominan su comportamiento; hasta que estén diseñados para aprender, la responsabilidad por la base moral de los drones corresponde a los tecnólogos. Con el tiempo, cuando las máquinas se vuelvan casi autónomas, la ética de la máquina se podrá extender a lo que los robots pueden aprender.

Notas Finales

1 Martin, K. E.; R. E. Freeman; “The Separation of Technology and Ethics in Business Ethics,” Journal of Business Ethics, vol. 53, 2004, p. 353-364
2 “Billions From Airbnb and Others Go Unreported,” Bloomberg News, as reported in the Omaha World-Herald, 24 May 2016
3 Saunders, L.; “The Latest Stumbling Block for Bitcoin: How to Tax It,” The Wall Street Journal, 25 June 2016
4 Kohlberg’s moral stage development work includes compliance with the laws and regulations as one of the stages. See Kohlberg, L.; “Moral Stages and Moralization: The Cognitive Development Approach,” December 1975.
5 Kohlberg, L.; The Psychology of Moral Development: The Nature and Validity of Moral Stages, Harper and Row, USA, 1984
6 Van de Poyel, I.; L. Royakkers; “The Ethical Cycle,” Journal of Business Ethics, vol. 71, February 2007, p. 1-13
7 Mims, C.; “In Securing Our Data, the Weak Link Is Us,” The Wall Street Journal, 19 January 2016
8 Bazerman, M.; A. Tenbrunsel, “Blind Spots: The Roots of Unethical Behavior at Work,” Rotman Magazine, Spring 2011, p. 53-57
9 Ibid.
10 Ibid.
11 Ibid.
12 Das, G.; The Difficulty of Being Good: On the Subtle Art of Dharma, Oxford University Press, United Kingdom, 2010, p. 59
13 Poore, R. S.; “Anonymity, Privacy, and Trust,” Information Systems Security, vol. 8, iss. 3, 21 December 2006, p. 16-20
14 Stack, L. et al.; “The Panama Papers: Here’s What We Know,” The New York Times, 4 April 2006, www.nytimes.com/2016/04/05/world/panama-papers-explainer.html?_r=0
15 Op cit, Van de Poyel and Royakkers, p. 6

Vasant Raval, DBA, CISA, ACMA
Es un profesor de contabilidad en la Universidad de Creighton (Omaha, Nebraska, ESTADOS UNIDOS). Es co-autor de dos libros sobre los sistemas de información y seguridad, sus áreas de enseñanza e intereses de investigación incluyen la seguridad de la información y la gestión empresarial. Las opiniones expresadas en esta columna son personales y no de la Universidad de Creighton. Él puede ser contactado en vraval@creighton.edu.

 

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